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La ferreteria de mi barrio

Todas las mañanas se siente el ruido de las cadenas que manejan la persiana metálica, suerte de maquillaje nocturno que se esconde detrás de unos grafitis del barrio, la cara de la ferreteria en Villa Bosch… Ferreteria Danielo. 

La luz entra por la ventana, el rayo de sol ilumina la pequeña pava de metal que rápidamente larga vapor, al ser calentada en esa pequeña cocina de camping a gas butano.

Daniel se sienta en su silla, pava en mano, ceba un mate y lo toma, mientras con su dedo índice se acomoda los anteojos y lee el matutino.

El día ya comenzó y los clientes no deberían tardar en llegar:

“El coso, que va dentro del cosito”. “No, el otro coso”. Seguramente son dos de las frases más conocidas que escuchó todo ferretero en algún momento, especialistas en “coso” y “cosito”.

Acaso ¿Quién no se vio una mañana de domingo, medias y pantuflas mediante, buscando el “cuchuflito” para la canilla del baño? 

Debo confesar que fui uno de ellos, bah, lo sigo siendo pero no con pantuflas… Sino con la ropa de recién levantado y el termo bajo el brazo.

Ferreteria en Villa Bosch… Danielo

Más de una mañana me pasé de visita en “Danielo”, yendo y viniendo una y otra vez hasta poder solucionar mi problema casero.

Las ferreterías del barrio, como las almacenes, panaderías, son parte del día a día, que quizás no notamos hasta que desgraciadamente vemos una persiana baja.

Sin dudas la candidez de un ferretero nos da la seguridad de poder ir y volver las veces necesarias, hasta que encontremos el tamaño correcto del tapón que buscamos para la bañera.

Obvio que son lindos los grandes hipermercados que tienen de todo: bolsa de cemento, sillones, tarugos del 12 y hasta flores de jardín. Pero qué más lindo que la ayuda del ferretero amigo, que hasta te explica cómo cambiar el cuerito de la canilla.

La suba constante de precios complica mucho el stock en los pequeños comercios. Estamos acostumbrados a ir a comprar algunos tornillos sueltos, de cajas que vienen de a 100 y que quizás está en ese estante hace más de un año.

Sin dudas que no es un trabajo sencillo. Las cosas no se venden solas… No es que todos los días Marta te viene a comprar  ¾ de tornillos, como sí lo hace en la panadería de Beto, ni como en la peluquería de José donde todos los meses Germán se va a cortar el pelo.

Un trabajo comprometido, como tantos otros, que quizás no le damos tanto valor hasta que nos damos cuenta que nos falta “El coso, que va dentro del cosito”.

cartel gracioso de ferreteria en villa bosch

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Categorías: BLOG

2 Comentarios

Romina · 08/09/2019 en 12:08

Muy lindo!

Carlos · 11/04/2020 en 20:53

Excelente !!

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